domingo, 26 de diciembre de 2010

Razón y Desvarío

Quisiera escribirte tanto
que me leyeras
día       y       noche
y que los momentos que no me leyeras,
me oyeras,
que abarque solo yo todo tu tiempo
o que no te de tiempo de pensar
sino de leerme y leerme,
porque así estaré en ti,
en tus ojos al ver lo leído,
en tu mente,
en tus labios
al repetir cada palabra
que son hechas para ti.


Yo te entrego mis días felices y mis días tristes
que los disfruto por igual,
te entrego mis melancolías y mis depresiones,
mis días de luz y oscuridad,
los días lluviosos de lágrimas que corren por mi rostro,
mis días cansados de tanto buscar,
mis días de ternura
cuando veo la mirada de un niño que me sonríe,
la luz de mis ojos
cuando veo el cielo azul
y cuando veo una noche con todas las estrellas.


Mis soles y mis lunas,
mis aires cálidos de verano y mis sudores.
Mi piel temblorosa cuando tengo miedo,
mis odios y alegrías.
Todo yo te lo entrego.


Ya me acostumbre a ti,
al cerrar los ojos,
mi corazón se abre y comienza a mirarte.
Porque sucede que soy sentimiento
y mi sangre es caliente.
Y dentro de mi soy oscuro
como un lago donde el cielo
abandona sus estrellas para que vivan dentro.


Soy 
porque respiro igual que tu.
Porque toco la delicada piel del cielo,
porque siento el pasto verde y palpo su frescura.
Cuando estoy en la arena, tu eres todas mis olas,
si oigo la música, tu eres mil sonidos.
No estoy en parte alguna,
estoy en todos los lados del corazón.


El mundo es mi alma,
y el mundo hoy es tu boca,
dejo mi alma en tu boca.


Mi deber es 
escribirte
como una orden impuesta,
escribo y escribo.


El sudor corre por mi piel y sigo escribiendo
acatar la orden
una orden de placer,
placeres que recorren mi ser.


Porque mis palabras son cuerpo
un cuerpo que es piel de luna
con todos los besos de la tierra.


Y no se de donde salen las palabras,
no se si salen de las rocas frías
o de los leños candentes de una fogata.
No se que voces internas 
me dictan suavemente al oído
lo que mis manos van recitando.
No se si son palabras o son silencio,
no se si es suave brisa o un fuego violento.


Mis ojos son ciegos y golpean mi alma.

Escribo la primera palabra,
que es tontería o la sabiduría del tonto,
son palabras acribilladas de flores y colores,
es el universo.


Estoy ebrio, ebrio de sentimiento.


Vivo de los pasos perdidos,
de la confusa soledad, del miedo, de mi.
Escribo
y suena el río y calla el ave al volar.
Es torrente de agua
nacida en las profundidades serenas de mi ser
que van sin cesar al mar del ser,
de tu ser.


En ella todo lo acepta,
piedras, pasión, hojas y misterio.
Y se abrió paso por los caminos,
caminos de sueño, amor, luz y noche.
Razón y desvarío.


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